POST 1 : NEUROFELICIDAD LABORAL O CÓMO APRENDER A SER FELIZ EN EL TRABAJO

Comprende mejor el papel de tus neuroquímicos de la felicidad para ayudarte a transformar tu experiencia laboral en una experiencia más agradable.

 

Electrochemical transmission beetween neurons. Digital illustration.

Electrochemical transmission beetween neurons. Digital illustration.

Por Luismi Samperio, Happy Research Officer en Endorfinder

Mucho se investiga y se habla estos días sobre la felicidad en el trabajo. Uno no tiene más que teclear en google las palabras “trabajo y felicidad” para comprobar la interminable cantidad de artículos, escritos, investigaciones científicas y demás recursos que pretenden desentrañar el misterio de cómo armonizarlas. Dos términos que de primeras parecen completamente opuestos, casi irreconciliables.

También es cierto que cada vez más y más escuchamos en los medios el valor en alza que está adquiriendo el campo de la Neurociencia. Vivimos, sin lugar a dudas, en el siglo del cerebro. Estamos presenciando el estallido de un campo de estudio que cada vez aglutina más y más líneas de trabajo que hasta ahora parecían inconexas, desde la Neuroeconomía, el Neuromarketing, hasta el Neuroliderazgo. Hoy en día todo pasa por el estudio del cerebro. La estructura más compleja del Universo conocido. El hardware que aglutina todas nuestras emociones, pensamientos y deseos.

Teniendo en cuenta todas estas consideraciones es muy lícito preguntarse: ¿Tendrá algo que aportarnos la Neurociencia al estudio de la felicidad en el trabajo? ¿Existirá alguna explicación clara y práctica que la Neurociencia nos pueda aportar para llevar a cabo nuestra jornada laboral de una manera más feliz? La respuesta es afirmativa y esta reside en los comúnmente denominados “neuroquímicos de la felicidad”.

¿Sabías de la existencia de las endorfinas, dopamina, serotonina y oxitocinas que se liberan en tu cerebro? ¿Y que puedes actuar de acuerdo a sus reglas para optimizar tu bienestar, productividad y liderazgo profesional? Para ello es necesario que entiendas de forma sencilla el papel que juega cada uno de ellos.

La dopamÍna es el neurotransmisor encargado de motivarnos para alcanzar metas y entrar en acción. Nuestro cerebro está constantemente analizando dónde focalizar su atención, dónde invertir sus limitados recursos para actuar. Pues bien, es la dopamina la que genera esa señal de acción e impulso para conseguirlo. ¿Te resulta familiar ese sentimiento de “Ahá! Ya sé cómo llevar esto a cabo. ¡Puedo conseguirlo!” o “¡esto me motiva!” Es tu dopamina actuando.

A partir de ahora procura dividir las grandes tareas que te parezcan titánicas o tediosamente aburridas en pequeños retos medibles y alcanzables. Pequeños logros que si consigues alcanzar te proporcionarán alguna recompensa. Siempre puedes premiarte mentalmente a ti mismo, o con un simple caramelo. Hacer esto te ayudará a llevar a cabo una jornada laboral más motivante y saludable.

La serotonina es otro de los “neuroquímicos de la felicidad” encargado, en este caso, de regular el placer de obtener reconocimiento social. Habrás comprobado que sentirte valorado por tu jefe o por tus compañeros acarrea un sentimiento de felicidad bastante grande, ¿verdad?. El motivo reside en la liberación de serotonina que se está produciendo en tu cerebro.

La segregación de este neurotransmisor también tiene una explicación claramente evolutiva. Los mamíferos están constantemente comparándose a sí mismos con otros mamíferos de alrededor. Si tras hacerlo se encuentran a sí mismos en una posición fuerte, se sentirán seguros para perseguir una oportunidad de apareamiento o una futura presa que les sirva de alimento. Si, por el contrario, se encuentran en una posición más débil, no se sentirán lo suficientemente seguros como para reafirmarse (porque podrían resultar heridos o atacados) Es por esto por lo que una comparación social positiva nos resulta sumamente agradable y nos ayuda a liberar serotonina.

Una posible aplicación práctica para fomentar este “neuroquímico de la felicidad” que puedes empezar a practicar es pactar con algún compañero de trabajo el compartir vuestros logros al final de cada día. Podéis hacer algo tan sencillo como felicitaros por una tarea bien realizada, por pequeña que sea, o intercambiaros frases como “¡mira lo que he conseguido hoy!”. Cualquier intercambio que demuestre aprecio profesional generará unas buenas dosis de liberación de neuroquímicos.

En tercer lugar tenemos la oxitocina, la neurohormona que nos genera bienestar al fomentar las conexiones sociales. La oxitocina es ampliamente conocida como la hormona del amor o la confianza. Su función en la naturaleza es permitir la creación de grupos y manadas, con el objetivo de alcanzar una mayor capacidad de supervivencia. Al liberarse permite que dos mamíferos se sientan tranquilos y puedan interactuar. La segregación de esta neurohormona se produce en grandes dosis durante el parto, así como en cualquier contacto físico. También, según estudios realizados en la Universidad de California, cuando se realiza alguna actividad de carácter prosocial.

Es fácil imaginarse así pequeñas acciones que puedan conducirte a una liberación de tus oxitocinas. Tan sólo tienes que preocuparte y hacer algo por tus compañeros. Desde preguntar si alguien quiere una taza de café, si puedes echarle un cable a un colega o sencillamente mostrar interés si ves a alguien preocupado. Son cosas de sentido común, pero ahora ya sabes la razón científica de por qué hacer el bien al prójimo genera neuroquímicos del placer y, por tanto, bienestar.

Las últimas “neurohormona de la felicidad” por comentar son las endorfinas. El objetivo básico de este químico es provocar en tu organismo una breve euforia que enmascare el dolor en las tensiones del cuerpo. La explicación evolutiva ante este fenómenos se encuentra precisamente en que  en la naturaleza, un animal herido pueda disponer de los recursos necesarios para escapar de un posible depredador tras una lesión. Las endorfinas evolucionaron como respuesta una situación de emergencia para la supervivencia

Sin embargo, no es necesario inflingirte un daño extremo para estimular las endorfinas. Basta con someter el cuerpo a un pequeño estado de tensión corporal: como puede ser, por ejemplo, al reir o el realizar estiramientos , de brazos o piernas. Ambos procesos “sacuden” tus entrañas y músculos , causando un desgaste moderado y consecuentemente un flujo de endorfinas moderado.

Así que ya sabes, cualquiera de estas prácticas -la risa o los estiramientos- pueden ayudarte a sobrellevar más alegremente tu jornada laboral. El posible repertorio de ideas al respecto es infinito. Desde pactar 10 mins de estiramientos con algún compañero en un descanso, hasta los tradicionales chistes en la cafetería. Consejos sencillisimos, pero que tantas veces se nos olvida llevar a cabo.

Dopamina, Oxitocina, Serotonina y Endorfinas, cuatro neuroquímicos con los que tu cerebro juega para crear tu sensación de bienestar. Ahora que ya sabes qué funciones tienen podrás, poco a poco, ir aprendiendo a regular tu comportamiento para aprender a estimularlos. Evidentemente tus frustraciones laborales no van a desaparecer por completo, pero desde luego, es un primer pequeño paso para saber gestionarlas y aprender a llevar una vida más feliz. Comprender y aceptar la naturaleza de tu cerebro es un paso que puede marcar un antes y un después en tu vida.

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